La oración

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La Oración

Introducción al tema.

"Y al orar, no charléis mucho, como los gentiles, que se figuran que por su palabrería van a ser escuchados."

Mt 6,7

La oración es un impulso del corazón, una sencilla mirada lanzada al cielo, un grito de reconocimiento y de amor.

La oración se considera comúnmente un rezo, como un "recitar" una serie de frases. Pero la oración es algo más allá de un recitar; es un dialogo.

Podría pensarse que la oración es una iniciativa personal, algo que nace de nosotros mismos, pero, por el contrario, es una iniciativa de Dios.

Este "dialogo" con Dios tiene como características:

  • Que es un dialogo entre dos personas: Dios y tú.
  • El protagonista es Dios; Cristo.
  • La oración es liberadora.
  • Nos llena de su Gracia.
  • Nos reintegra en nuestra especial dignidad como hijos de Dios.

 

La oración es una comunicación entre Dios y nosotros (tú): Tenemos un corazón inmenso, con capacidad insondable de amar y de ser amados. Sólo Dios puede llenar esas ansias infinitas. Por eso nos atrae, nos llama, y le respondemos con la oración que nos llena de su amor y de su gracia.

"La oración es un impulso del corazón, una semilla mirada lanzada al cielo, un grito de reconocimiento y de amor, tanto desde dentro de la prueba como desde dentro de la alegría".

Santa Teresa del Niño Jesús.

 

Un campesino decía:

-No sé cómo se puede rezar un Padre Nuestro en menos de diez minutos. Dicho esto, le preguntaron: ¿Diez minutos le cuesta a usted rezar un Padre Nuestro? En ese tiempo, y haciéndolo en particular, se puede rezar casi un Rosario.

-Sí, es lo que hace mi mujer. Es muy devota y reza mucho. Pero yo prefiero rezar menos y estar con mis ojos y mi corazón clavados en Dios.

El buen campesino había llegado a lo que se llama la contemplación. Sin palabras, se pasaba las horas en la presencia de Dios, pues en eso consiste lo que llamamos vida de oración, o espíritu de oración, que es uno de los mayores regalos que Dios hace al alma, cuando ésta responde fiel a esa vocación de la oración. ¿Cuántos de nosotros rezamos o "recitamos" en oración y cuantos realmente han llegado a ese dialogo verdadero en la presencia de Dios?

Los momentos de la oración.

“cerca está Yahveh de los que le invocan, de todos los que le invocan con verdad.”

Salmos 145,18

Es común, sobre todo hoy en día, en nuestra sociedad, el que cada vez menos personas se dan el tiempo para realizar este dialogo con Dios. Y cuando queremos volver a encontrarnos con Él por alguna necesidad (la mayoría de las veces) o por agradecimiento, se nos dificulta porque hemos perdido la práctica en ello. La oración es un ejercicio que fortalece el espíritu y nos mantiene cerca de la Gracia de Dios.

Por ello, si nos encontramos en una situación así podemos tomar estos momentos que nos dan luz para encontrarnos nuevamente en el camino del dialogo espiritual.

Adoración y alabanza.

Cuando le dices a Dios que te das cuenta de que Él te creó, y le dices que lo adoras, que lo respetas y lo amas sobre todas las cosas porque es tu Dios.

Petición.

Cuando pides a Dios algo que necesitas o que te gustaría que te diera. ¿Y qué puedes pedir?

  • Puedes pedir ¨ cosas espirituales ¨ como por ejemplo que te ayude a vencer un defecto, que te ayude a acercarte más a Él, que te ayude a rezar mejor ...
  • Puedes pedir ¨cosas materiales ¨ como por ejemplo que te ayude a encontrar un trabajo, a juntar para pagar esa deuda, a curarte de esa enfermedad...
  • Puedes pedir perdón, cuando has pecado. Dile a Dios que te sientes mal, que te duele haberlo ofendido a El que es tan bueno contigo.
Intercesión.

Cuando le pides a Dios algo no para ti, sino a favor de otro, quienquiera que sea.

Pide, pide mucho a Dios por otros: por tu esposo/a, por tus hijos, por tu familia, por los enfermos, por los que sufren, por los que viven alejados de Dios, por el Papa, por la Iglesia, por México... No te canses de pedir por otros.

Imagínate cuanto bien puedes hacer tú solo, si a diario rezas a Dios por todas estas personas.

Esto se llama APOSTOLADO DE LA ORACIÓN y es, por ejemplo, si tú no puedes ir a un hospital a curar o consolar a los enfermos, pero si pides a Dios por ellos, es como si realmente fueras; tal vez tú no puedes convencer a tu amigo de que deje el mal camino, pero si rezas por él, Dios te escuchará y lo ayudará a alejarse del mal.

A Dios le gustan mucho los corazones generosos que se olvidan de sí mismos para pedir por otros.

Acción de gracias.

Cuando le dices a Dios ¨Gracias¨ por algo.

Dale gracias a Dios porque te ama, porque te ha creado, por permitirte vivir otro día, por el sol que te ilumina y te calienta, por la lluvia que humedece tu cosecha, por el amor de tu familia, por el trabajo que te permite llevar alimento a los tuyos, por la salud, por la alegría, por la paz.

Dale también gracias por la enfermedad, por la tristeza, por esa prueba que te ha costado pero que te ha acercado a Él, por ese negocio que no te salió bien.

Dale gracias por ser tan bueno y perdonarte una y otra vez tus mismas ofensas.

Ofrecimiento.

También puedes decirle a Dios que le ofreces algo que te cuesta trabajo como regalo para Él porque lo amas.

Ofrécele no volver a hacer lo que sabes que le ofende; ofrécele hacer ese sacrificio que tanto te cuesta pero que a Él le gustaría que hicieras.

El ofrecer estos pequeños regalos a Dios, muchas veces es el modo más bello de decirle: ¨Señor, yo te amo¨ con obras y no sólo con la boca...

La respuesta.

El complemento de la oración se encuentra en la Biblia. Ya hemos comentado que la oración es un dialogo y que es Dios quien nos llama a ello. Por tanto, es natural que luego de escucharnos, nos dé una respuesta. Esta respuesta la encontramos en sus escrituras.

La importancia de dar lectura a las Sagradas Escrituras es porque si bien hay ocasiones que no logramos discernir con facilidad la respuesta en ellas; es la que nos dará pie para encontrar estas respuestas fuera de ella.

Dios se hace presente en nuestra vida cotidiana, dando respuesta a cada una de nuestras plegarias. Somos nosotros quienes debemos estar atentos a su respuesta y para ello, como dijimos antes, debemos tener un espíritu bien entrado en la oración, para tener esa apertura a la razón y encontrar la respuesta de Dios en la Biblia, en una llamada telefónica, en un evento, en un saludo, hasta en un comercial de televisión. Ser constantes con la oración nos lleva a ser más claros en esa búsqueda y no frustrarnos pensando que no somos escuchados.

Los Santos y la oración.

Un apoyo importante podríamos encontrarlo en lo que los santos nos comentan acerca de la oración.

“Dios atiende siempre nuestra oración, aunque no nos dé lo que le pedimos. Él sabe lo que nos conviene. Como Padre amoroso que es, nunca dará a su hijo lo que pueda hacerle daño o no le convenga, aunque se lo pida llorando”.

San Agustín

San Agustín nos invita a ser mansos y humildes. Entendamos que nosotros pedimos bajo la limitación de nuestro entendimiento. Pero es Dios quien nos conoce mejor que nadie, aún más que nosotros mismos y por ello, solo nos da lo que sabe es mejor para nosotros.

“Dios da la gracia sólo a los que se la piden; por tanto, sin oración no puede haber salvación “.                              

Santo Tomás de Aquino

Santo Tomás de Aquino, nos recuerda que Dios lo sabe todo, él nos invita a este dialogo, y es solo a través de este dialogo que encontraremos respuesta, pues Dios respeta nuestra libertad de decidir si queremos o no su ayuda. Él esta pacientemente esperando la oportunidad de ayudarnos como el Padre amoroso que es.

“En la oración es donde Jesucristo da luz para conocer las verdades”.

Santa Teresa de Jesús

Santa Teresa de Jesús, encontró la luz de Jesús en el silencio de la oración personal, donde el ruido del mundo no entra y deja un silencio para el alma y Dios. Ahí donde reside y nos encontramos con Él.

 “En la oración mental es donde encuentro el aliento de mi caridad. Lo más importante es la oración; suprimirla no es ganar tiempo sino perderlo. Dadme un hombre de oración y será capaz de todo”.      

                                                               San Vicente de Paul

San Vicente de Paul, muy cierta su reflexión, pues cuantas ocasiones perdemos el sentido de nuestra oración por querer expresarla verbalmente. Dios que nos conoce, pone en nosotros ese conocimiento de nuestra verdadera necesidad y la de los demás.

“La oración es el mejor medio para obtener la conversión de los pecadores, la perseverancia de los justos y el alivio de las almas del Purgatorio”.                                           

San Antonio María Claret

San Antonio María Claret, nos recuerda que con la oración también evangelizamos al ser ejemplo vivo de los frutos de la misma oración. Mostrar la caridad por aquellos que no pueden ayudarse a sí mismos, siendo para ellos hermanos verdaderos en comunidad cristiana; orando por los que no saben, por los que se avergüenzan, por los que han partido y requieren de ese apoyo para llegar a la Gloria de Dios. La oración es la herramienta más plena con la que podemos ayudar a nuestros hermanos, sin importar la distancia, el tiempo ni la situación, es la forma más sencilla, pero a la vez más sublime de ayudar a un hermano necesitado.

 

 

 

La oración es un camino de reconocimiento hacia el Padre.

7.«Pidan y Dios les dará, busquen y encontrarán, llamen y Dios les abrirá.

8. Porque todo el que pide recibe, el que busca encuentra, y al que llama, Dios le abre.

9. ¿Quién de ustedes, si su hijo le pide pan le da una piedra?;

10. O si le pide un pez, ¿le da una serpiente?

11. Pues si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡Cuánto más su Padre del cielo dará cosas buenas a los que se las pidan!

Mt 7,7-11

Jesús nos presenta en estas citas bíblicas la esencia del por qué hacer oración. Y la respuesta de como toma nuestras oraciones el Padre amoroso y justo que tenemos en Dios.

En grupo, realicen esta Lectio divina viviendo los pasos para ello:

  • Leer - ¿Qué dice el texto?
    • Previa oración (Invocación al Espíritu Santo) pidamos a Dios nos ilumine con las citas que nos presenta el día de hoy.
    • Leamos con atención de forma pausada sin apresurarnos y sin temor a no entender, recordemos que vamos de la mano de Dios, pues es Él quien nos ha llamado a este dialogo.
  • Meditar - ¿Qué me dice a mí, en lo personal este texto?
    • Después de haber leído, tomemos un momento en silencio.
    • Hagamos como nos recomienda San Vicente de Paul, una oración mental pidiendo discernimiento a Dios sobre lo que busca en mi a través de la lectura de la cita.
    • En lo posible, dejemos fuera todo pensamiento mundano (el trabajo, la familia, la salud), en este momento es mi mejor amigo quien quiere mi atención para decirme algo de lo cual necesito conocer.
  • Rezar - ¿Qué le quiero decir yo a Dios sobre el texto que me ha presentado?
    • Una vez hayamos meditado (entendido) el mensaje que Dios me ha querido decir, sabemos que espera un acercamiento a Él.
    • Continuemos con el dialogo que Él nos ha abierto y expresémosle nuestro sentir sobre su comentario (versículos) que nos ha dado.
  • Actuar - ¿Qué hacer como resultado de la oración? Mi compromiso
    • Es momento de reflexionar, lo que me ha querido decir.
    • Es momento de reflexionar, lo que yo he entendido de su palabra.
    • Es momento de comprometerme para hacer un cambio, agradecer, pedir perdón y renovar mi amor hacia Él, mediante mis actos.
    • Es momento de que mi (nuestra) Fe, se transforme en obras.
  • Finalmente cerremos nuestro compromiso con una oración personal y luego grupal si es que nos encontramos en reunión o con nuestro cónyuge en la que demos Gloria y gracias a Dios por el momento que tuvimos con Él.

San Ignacio de Loyola.  

Fundador de la Compañía de Jesús, a la cual pertenece nuestro Papa Francisco I, fue un hombre entregado a la fe y a Jesucristo. A el debemos los “Ejercicios Espirituales” que nos ayudan en gran medida a conocer mediante la oración, nuestro destino como católicos.

Él nos regala esta oración que guarda en su sencillez, la maravilla de entregarnos y reconocer a Dios como nuestro Señor.

 Toma, Señor, y recibe

toda mi libertad,

mi memoria,

mi entendimiento

y toda mi voluntad;

todo mi haber y mi poseer.

 

Tú me lo diste,

a Ti, Señor, lo retorno.

Todo es Tuyo:

Dispón de ello

según Tú Voluntad.

 

Dame Tu Amor y Gracia,

que éstas me bastan.

Amén.

 

 

Padre Nuestro.

A través del Padrenuestro vamos a hablar con nuestro Padre Dios. Se trata de vivir las palabras de esta oración, no solo de repetirlas sin fijarnos en lo que estamos diciendo. El Padrenuestro está formado por un saludo y siete peticiones.

Saludo

PADRE NUESTRO QUE ESTÁS EN EL CIELO. Con esta pequeña frase nos ponemos en presencia de Dios para adorarle, amarle y bendecirle.

 

¡PADRE!: Al decirle Padre, nosotros nos reconocemos como hijos suyos y tenemos el deseo y el compromiso de portarnos como hijos de Dios, tratar de parecernos a Él. Confiamos en Dios porque es nuestro Padre.

PADRE “NUESTRO”: Al decir Padre Nuestro reconocemos todas las promesas de amor de Dios hacia nosotros. Dios ha querido ser nuestro Padre y Él es un Padre bueno, fiel y que nos ama muchísimo. “Padre Nuestro” porque es mío, de Jesús y de todos los cristianos.

“QUE ESTÁS EN EL CIELO”: El cielo no es un lugar sino una manera de estar. Dios está en los corazones que confían y creen en Él. Dios puede habitar en nosotros si se lo permitimos. Dios no está fuera del mundo, sino que su presencia abarca más allá de todo lo que podemos ver y tocar.

Las siete peticiones

Después de ponernos en presencia de Dios, desde nuestro corazón diremos siete peticiones, siete bendiciones. Las tres primeras son para dar gloria al Padre, son los deseos de un hijo que ama a su Padre sobre todas las cosas. Las cuatro últimas le pedimos su ayuda, su gracia.

1.SANTIFICADO SEA TU NOMBRE: Con esto decimos que Dios sea alabado, santificado en cada nación, en cada hombre. Depende de nuestra vida y de nuestra oración que su nombre sea santificado o no. Pedimos que sea santificado por nosotros que estamos en Él, pero también por los otros a los que todavía no les llega la gracia de Dios. Expresamos a Dios nuestro deseo de que todos los hombres lo conozcan y le estén agradecidos por su amor.

Expresamos nuestro deseo de que el nombre de Dios sea pronunciado por todos los hombres de una manera santa, para bendecirlo y no para blasfemar contra él. Nos comprometemos a bendecir el nombre de Dios con nuestra propia vida.

 

2.VENGA A NOSOTROS TU REINO: Al hablar del Reino de Dios, nos referimos a hacerlo presente en nuestra vida de todos los días, a tener a Cristo en nosotros para darlo a los demás y así hacer crecer su Reino; y también nos referimos a que esperamos a que Cristo regrese y sea la venida final del Reino de Dios.

Cristo vino a la Tierra por primera vez como hombre y nació humildemente en un establo. En el fin del mundo, cuando llegue la Resurrección de los muertos y el juicio final, Cristo volverá a venir a la Tierra, pero esta vez como Rey y desde ese momento reinará para siempre sobre todos los hombres. Se trata de ayudar en la Evangelización y conversión de todos los hombres. Hacer apostolado para que todos los hombres lo conozcan, lo amen.

Pedimos el crecimiento del Reino de Dios en nuestras vidas, el retorno de Cristo y la venida final su Reino.

3.HÁGASE TU VOLUNTAD EN LA TIERRA COMO EN EL CIELO: La voluntad de Dios, lo que quiere Dios para nosotros es nuestra salvación, es que lleguemos a estar con Él.

Le pedimos que nuestra voluntad se una a la suya para que en nuestra vida tratemos de salvar a los hombres. Que en la tierra el error sea desterrado, que reine la verdad, que el vicio sea destruido y que florezcan las virtudes.

4.DANOS HOY NUESTRO PAN DE CADA DÍA: Al decir “danos” nos estamos dirigiendo a nuestro Padre con toda la confianza con la que se dirige un hijo a un padre.

Al decir “nuestro pan” nos referimos tanto al pan de comida para satisfacer nuestras necesidades materiales como al pan del alma para satisfacer nuestras necesidades espirituales. En el mundo hay hambre de estos dos tipos, por lo que nosotros podemos ayudar a nuestros hermanos necesitados.

5. PERDONA NUESTRAS OFENSAS COMO TAMBIÉN NOSOTROS PERDONAMOS A LOS QUE NOS OFENDEN.

PERDONA NUESTRAS OFENSAS: Los hombres pecamos y nos alejamos de Dios, por eso necesitamos pedirle perdón cuando lo ofendemos. Para poder recibir el amor de Dios necesitamos un corazón limpio y puro, no un corazón duro que no perdone los demás.

COMO TAMBIÉN NOSOTROS PERDONAMOS A LOS QUE NOS OFENDEN: Este perdón debe nacer del fondo del corazón. Para esto necesitamos de la ayuda del Espíritu Santo y recordar que el amor es más fuerte que el pecado.

 

6. NO NOS DEJES CAER EN TENTACIÓN: El pecado es el fruto de consentir la tentación, de decir sí a las invitaciones que nos hace el demonio para obrar mal. Le pedimos que no nos deje tomar el camino que conduce hacia el pecado, hacia el mal. El Espíritu Santo nos ayuda a decir no a la tentación. Hay que orar mucho para no caer en tentación.

7. Y LÍBRANOS DEL MAL: El mal es Satanás, el ángel rebelde. La pedimos a Dios que nos guarde de las astucias del demonio. Pedimos por los males presentes, pasados y futuros. Pedimos estar en paz y en gracia para la venida de Cristo.

AMÉN: Así sea.

Como te das cuenta, al rezar el Padrenuestro, le pides mucha ayuda a Dios que seguramente Él te va a dar y al mismo tiempo te comprometes a vivir como hijo de Dios.

 

 

  • Miércoles, 15 Marzo 2017 01:19

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