La Espiritualidad Cristiana Católica

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Introducción al tema.

“De que le sirve al hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma”

Mc8,36

Muchos hemos escuchado en alguna ocasión la frase que dice, "católico ignorante, seguro protestante". Y debemos de entender este término -ignorante- desde el punto de vista espiritual, no así literal, de forma despectiva u ofensiva. La ignorancia que se menciona se debe adjudicar a una tibieza de nuestra parte por llevar una continuidad en nuestra formación.

Un católico nace con el bautismo, pero no se detiene ahí su formación, es un continuo crecimiento y fortalecimiento para alcanzar las Gracias prometidas por Dios, a lo largo de nuestro caminar por esta vida.

Esta fortaleza la obtenemos por los medios sacramentales efectivamente. Pero, así como el cuerpo requiere de ejercicio físico y trabajo o la mente de razonamientos para fortalecerse; así mismo nuestra espiritualidad necesita de su ejercicio.  Estos ejercicios se llevan a cabo de diversas formas. En nuestro caso particular, podemos asegurar que es a través de las obras de misericordia.

 

Historia.

Si hacemos un alto el día de hoy y nos ponemos a reflexionar acerca de nuestro propósito en la vida, ¿para que vivimos? La respuesta será muy diversa: "Para trabajar... para divertirme... para aprender... para ser feliz... para disfrutar del momento... o simplemente No sé... Entonces, ¿Será que para esto es que vivimos?

La espiritualidad nos lleva a darle sentido a nuestra vida; nos permite mantener la vista en las cosas importantes y discernir cuales son estas y a cuáles debemos dar mayor prioridad. Gracias a esto, es que encontramos realmente un sentido a nuestra vida.

San Ignacio de Loyola, pregunto una vez a San Francisco Javier, “Para que estudiaba". La respuesta de San Francisco fue rápida: "Porque quiero ser canónigo y ocupar un puesto importante en Navarra, quiero tener títulos, ser respetado".

San Ignacio de Loyola le sugirió que leyera cierto pasaje de la Biblia. Este pasaje cambio la vida de San Francisco Javier. Se ordenó sacerdote, junto con San Ignacio, participó en la fundación de la Compañía de Jesús; fue el primer misionero en la India y el Japón; murió cuando se dirigía a China para evangelizar.

¿Qué pasaje bíblico fue el que le sugirió San Ignacio de Loyola? Mc. 8, 36

Santo Tomás de Aquino en la Suma Teológica dice: "El mundo y el hombre atestiguan que no tienen en ellos mismos ni su primer principio ni su fin último, sino que participan de Aquél que es el ser en sí, sin origen y sin fin".

La realidad en que vivimos hoy, una sociedad materialista, donde cada vez más nos apartamos de la comunidad inmediata por dar pie a la sociedad tecnológica y que sin darnos cuenta, es esta misma comunidad tecnológica que nos puede llevar a perder si no la limitamos ya que la falta de contacto visual y físico, nos desvirtúa los sentimientos y emociones que tenemos y nos bloquea a ser seres sociales de nuestra propia comunidad. (Quien no ha vivido o conocido una experiencia donde cree entablar una comunicación virtual con una persona que resulta ser luego alguien totalmente distinto desde su forma de ser, hasta tal vez ni siquiera corresponder a su verdadera identidad fisiológica o quién no ha recibido invitaciones a dar "me gusta" a casos de niños terminales y que resulta ser que ni siquiera existe tal persona y solo es un evento mercadológico para atraer nuestra atención).

Santo Tomás de Aquino nos invita a darnos cuenta de que para que nuestra vida tenga sentido y alcance la plenitud, debemos vivir siempre de cara a Dios y no olvidemos que el rostro de Dios está en nuestro prójimo.

 

Santidad.

"El hombre santo es aquél que más se parece a Dios, porque Dios es Santo y su amistad lo ayuda a ser semejante a Él, santo como Él. Le permite ser un reflejo suyo hijo de Dios, como su Hijo Jesucristo”.

Todos estamos llamados a ser santos. La santidad en si misma es un camino que se lleva durante toda nuestra vida, es un aprendizaje constante a través del ejemplo de otros ya santos y de personajes vivos que buscan esa amistad con Dios.

Santo es aquél que se esfuerza y lucha por superar los obstáculos que le impiden acercarse más a Dios y lograr parecerse cada vez más a Cristo.

La santidad nos lleva a alcanzar la vida eterna. Ser santos supone un gran esfuerzo; y este esfuerzo lo llamamos vida espiritual, es decir, todas aquellas acciones y actividades que realizamos para alcanzar la amistad con Dios. Por tanto, nuestra vida espiritual dará frutos de eternidad, en la medida que hagamos caso de los llamados y exhortaciones de Dios.

 

Nuestra vida espiritual.

Si salimos a la calle y preguntamos al azar a alguien ¿Es usted católico, por qué se considera así? Encontraremos algunas respuestas como: "Si, porque voy a Misa de Gallo", "Si porque festejo las fiestas patronales", "Si porque creo en la virgencita", "Si, porque me encomiendo a San..." y podríamos agregar quizás "Si, porque pertenezco a un grupo parroquial o movimiento católico".

Las respuestas pueden ser variadas, y en su mayoría muestran un querer hacer de la fe, algo a nuestra medida, a nuestra conveniencia ocasional. Porque si a estas mismas personas preguntamos ¿Qué piensan de la Iglesia Católica? (a la cual ya han confirmado pertenecer) podremos ver respuestas como "Soy católico, pero...": critico al Papa... estoy de acuerdo con algunas cosas, pero en otras no.… si soy, pero realmente es porque mis papás no me preguntaron... no creo que deba confesarme con un sacerdote que a lo mejor es más pecador que yo, yo creo en la línea directa con Dios... Si soy, pero realmente no me comprometo en ninguna actividad de mi parroquia... Si creo, pero los domingos son para mi familia y para mí (o sea futbol o parrilladas) ... Soy católico, pero no voy a misa porque me aburre el padre (o no más siento que me regaña) ...

Y podemos encontrar más respuestas así, incluyamos tal vez las propias en las que nos escudamos para no fomentar nuestro ejercicio espiritual.

Todas estas respuestas y muchas más se pueden resumir en "Soy católico, pero no estoy dispuesto a transmitir el mensaje de Cristo a los demás" ¿Es acaso esto, ser católico? Estas actitudes denotan una carencia de vida espiritual, por lo que debemos replantearnos seriamente el lugar que ocupa Dios en nuestra vida. La Iglesia nos llama a no abandonar a Dios, a escucharle, a acogerle en la propia vida.

Si traemos esto a nuestra vida personal y conyugal, como parte de un movimiento, hagamos un alto y acto de conciencia, preguntémonos en este momento, ¿soy católico fiel o me digo ser católico? ¿Asisto verdaderamente a la misa dominical y las Horas Santas? ¿Vivo con verdadera fe el acto de la presencia de Cristo en la Eucaristía? ¿Participo de las actividades (reuniones generales, retiros, talleres, donación de despensa, ofrendas de grupo, etc.) con plena conciencia que es un acto al cual me comprometí yo y mi cónyuge ante Dios por servir o la o lo dejo llevar este apostolado solo? Pueden ser estas preguntas duras, pero necesarias para centrarnos realmente en si vivimos nuestra espiritualidad verdaderamente o solo somos un católico más que se llena de peros.

La vida espiritual católica es una vida que, si se adopta superficialmente, resulta difícil, insoportable o intolerante. Una vida espiritual católica que es vivida por compromiso social y no con Dios, es una vida pesada y llena de sacrificios vanos, que no nos llenará y que, por ende, nos hará claudicar.

Por otro lado, cuando se lleva una vida espiritual católica fiel a los preceptos de la Iglesia, todas las circunstancias que se viven, se viven por amor a Dios, por amor al prójimo. No buscas más "peros" no se busca la paja en el ojo ajeno, sino que comenzamos a buscar el amor que llevamos dentro para externarlo a nuestro hermano en Cristo. Quien se llena de espiritualidad, mediante las Horas Santas, La Santa Misa, El Rosario, ejerciendo y fortaleciéndose con las obras de misericordia. No ve más sacrificio en sus acciones, no duele el desprendimiento material ni el esfuerzo físico que se realice. Por el contrario, la espiritualidad nos llena de gozo y descanso en el mismo espíritu. Es entonces que verdaderamente encontramos el sentido a nuestra vida, porque habremos encontrado ese camino a la santidad, el camino que nos lleva a ser amigos de Dios, hijos de Dios, como su Hijo Jesucristo.

Los 7 pilares de la espiritualidad católica.

Ser católico es más que pertenecer a una religión. Consiste en ser discípulo de Cristo en constante formación. Por ello, una propuesta de edificación en la fe son estos 7 pilares que te mencionamos a continuación:

  1. La confesión.

Es el Sacramento mediante el cual Dios nos perdona los pecados cometidos después del Bautismo y recuperamos la vida de gracia, es decir, la amistad con Dios. Es la gran oportunidad que tenemos para acercarnos de nuevo a Dios que es nuestra verdadera felicidad.

  1. La oración.

Es a la vez algo fácil y difícil. Fácil porque hablar con Dios es algo que podemos hacer en cualquier momento, prácticamente en cualquier circunstancia. Y es difícil porque a veces no sabemos exactamente qué es hacer oración, porque las ocupaciones diarias nos absorben o simplemente porque hay una gran resistencia a sentarse un rato para hablar con Dios.

  1. Eucaristía.

Es el sacrificio mismo del Cuerpo y de la Sangre del Señor Jesús, que Él instituyó para perpetuar en los siglos, hasta su segunda venida, el sacrificio de la Cruz, confiando así a la Iglesia el memorial de su Muerte y Resurrección. Se trata de alimentarnos del cuerpo y la Sangre de Jesús y hacerlo parte de nosotros para llevarlo a los demás.

  1. Las escrituras.

Es tan importante como Dios pues es palabra de Dios. Hoy día en muchas familias católicas encontramos la Biblia como el libro sagrado de la casa.

 

  1. Ayuno.

Significa empobrecer el alma, rehusar su subsistencia por medio de abstenerse de alimento. El ayuno en las escrituras descansa sobre la verdadera auto-humillación y penitencia. El ayuno es el método de Dios para subyugar el alma carnal bajo la soberanía de Su Espíritu. Es un acto de expresar y demostrar pena por el pecado, una expresión de la pena y dolor interno por el pecado.

 

  1. Rosario.

¡Cuántas personas han logrado verse libres de pecados y de malas costumbres al dedicarse a rezar con devoción el santo Rosario! Son muchísimos los que por haber rezado con toda fe su Rosario lograron obtener una buena y santa muerte y ahora gozan para siempre en el cielo.

 

  1. Lectura espiritual.

La lectura espiritual nos fortalece el espíritu de Iglesia, así como la voluntad de siempre buscar la santidad. A veces con ver testimonios de otros hermanos nos motive a replantear muchas cosas en nuestra vida y nos ayuda a profundizar en el autoconocimiento. (Seamos entonces también nosotros mismos testimonios para nuestros hermanos, que los motive a profundizar en su servicio y su fe).

 

La espiritualidad cristiana católica es el resultado de un encuentro con el Señor, un encuentro que en algún momento de nuestra vida nos ha invitado y nos ha llamado a una conversión, dejar el hombre viejo para dar paso al hombre nuevo (como en el Kerygma, por ejemplo).

Necesitamos que las familias, pequeñas iglesias domésticas, sean un ambiente propicio donde esta espiritualidad crezca y se robustezca. Hagamos padres y madres empeñados en vivirla ellos mismos, para contagiar a sus hijos y demás familia.

Necesitamos vivir esta espiritualidad de cara al mundo, necesitamos formadores que sepan escuchar y alentar la unión con Cristo, laicos comprometidos.

Como miembros del cuerpo místico de Cristo y participes de un movimiento como el Familiar Cristiano, es nuestro compromiso el ser esos formadores, evangelizar mediante el ejemplo propio y dar testimonio de vida de acuerdo a los lineamientos de Nuestro Señor, mostrar el camino, la verdad y la vida que Él nos ha mostrado y al cual estamos llamados a seguir.

Obras de misericordia.

La espiritualidad católica que debemos fomentar como integrantes vivos del cuerpo místico de Cristo, se reflejan y se fortalecen mediante las obras de misericordia. Estas las podemos expresar desde el punto de vista del movimiento familiar cristiano de la siguiente forma:

OBRAS DE MISERICORDIA CORPORALES PARA EL MFC.

  1. Visitar a los enfermos.

Como miembros del MFC, somos una familia, y como tal, nos apoyamos en los momentos que se requiere. Cuando en nuestro equipo algún integrante presenta enfermedad, nuestro compromiso es apoyarlo en la medida de lo posible, alentándolo y según la gravedad de la enfermedad, ayudarlo en las labores de su hogar, confortándole junto con su demás familia.

 

  1. Dar de comer al hambriento.

Nuestra participación en el comedor comunitario es una excelente oportunidad para vivir esta obra de misericordia. La importancia del comedor es fundamental pues es en este lugar donde se conjunta la armonía del dar y recibir. Es reciproco pues el necesitado nutre su cuerpo y el servidor nutre su alma. De ahí que la razón de servir en el comedor no radica solo en el preparar y cumplir con el objetivo, sino de convivir y ver el rostro de Cristo en el hermano necesitado. No se trata de pagar, o preparar sino de servir al prójimo.

En este espacio podemos también anotar el donar despensas. Nuestra comunidad tiene mucha necesidad y el pensar que todos podemos dar algo, es parte de nuestra espiritualidad, entregar ese ayuno si es necesario cuando no tenemos más con tal de servir como Jesús Nuestro Señor nos mostró, con la entera confianza de su promesa de que aquello que demos nos será retribuido, eso es fe y espiritualidad pura.

 

  1. Dar de beber al sediento.

De la misma forma que alimentar al hambriento, es deber dar de beber con gusto y ánimo, con cariño y humildad.

 

  1. Dar posada al peregrino.

Como equipo, el peregrino es o son los matrimonios que conforman el equipo, visitante de nuestro hogar, espera ser recibido. A nivel diocesano practicamos este valor de dar asilo cuando hermanos de otros sectores o diócesis visitan nuestro sector por reuniones.

 

  1. Vestir al desnudo.

El movimiento familiar cristiano católico juvenil, una extensión del grupo de matrimonios, son ellos, nuestros jóvenes, quienes realizan actividades para ayudar en esta necesidad. Es nuestra obligación apoyarlos y contribuir en su desarrollo espiritual al brindarles la oportunidad de vivir su espiritualidad.

 

  1. Visitar a los presos

Un propósito tal vez, pues para llegar a esta obra, requerimos de una espiritualidad bien afianzada y que sea suficiente para conceder a quienes se ven privados de la libertad. Fortaleza espiritual que se requiere para enderezar el camino de quien falló y darle templanza a aquellos que permanecen injustamente presos.

 

  1. Enterrar a los difuntos.

Uno de los momentos dolorosos para cualquier persona y que no debe estar solo en momentos así. Nuestro deber como hermanos en Cristo es dar apoyo moral y económico dentro de las posibilidades de cada uno, esperando encontrar un consuelo semejante al llegar el momento en que nos toque vivirlo. Siempre experimentando afinidad con el hermano dolido.

 

OBRAS DE MISERICORDIA ESPIRITUALES.

Al tener como tema la espiritualidad, debemos poner especial interés en estos puntos, pues son los que nos fortalecerán hasta acercarnos al ideal de santidad que Dios espera de cada uno de nosotros, como individuo, conyugue y comunidad.

 

 

  1. Enseñar al que no sabe.

Nuestro apostolado debe llevarnos a la evangelización de los demás. Especial énfasis a los matrimonios que conocemos y que, con el conocimiento adquirido, se convierte en nuestro deber mostrarles mediante el testimonio de vida, el camino a Jesús desde el seno conyugal.

 

  1. Dar buen consejo al que lo necesita.

Para ello, debemos tener el compromiso de aprender durante los 3 niveles, los valores que se viven en el movimiento a través de las reuniones y sus 6 exigencias básicas. Siempre mediante la ayuda de la oración, fortalecernos de la mano de María con el Santo Rosario y la continuidad de la Santa Misa, encomendarnos a tener las palabras necesarias para quien pide el consejo.

 

  1. Corregir al que se equivoca.

La fortaleza espiritual se vive mediante la práctica de los valores que se presentan mes con mes. Ya que requerimos de ellos, en especial la humildad para saber corregir, pero, sobre todo, saber recibir la corrección que nos instruya y nos lleve a ser mejores católicos.

 

  1. Perdonar al que nos ofende.

Vivir la espiritualidad para llegar a tener la fortaleza para perdonar, debe llevarnos a transformar esa fuerza en humildad y amor tal como Jesús nos lo demostró al extremo de vivirlo en la Cruz. Entregar ese perdón a quien nos ofende, como lo recitamos en el Padre Nuestro, vivirlo y hacerlo verdad de corazón.

 

  1. Consolar al triste.

Las experiencias compartidas en las reuniones de equipo, deben invitarnos a experimentar empatía con los sentimientos de los matrimonios con los que convivimos y llevar esta empatía al más necesitado de nuestros hermanos. Esto lo podemos lograr con el crecimiento de la espiritualidad mediante la oración constante, Horas Santas y La Santa Misa, herramientas genuinamente entregadas por Cristo mismo a sus discípulos.

 

  1. Sufrir con paciencia los defectos del prójimo.

Tan importante punto, pues en esta actualidad somos tan dados a soltar a veces la lengua y la imaginación creando malos entendidos e hiriendo a quienes sin pensar dañamos con nuestras palabras. Todo producto de una intolerancia por los defectos del prójimo, sin tener la capacidad de ver los propios. Seamos pacientes y mostremos nuestra espiritualidad dejando de lado los defectos ajenos, preocupándonos por aminorar los propios.

 

  1. Rezar a Dios por los vivos y los difuntos.

La espiritualidad nos lleva a un acercamiento más íntimo con Dios y esta intimidad nos despierta a la unidad que tenemos con los demás en comunidad. Por ello, el rezo constante por aquellos que comparten la vida en este mundo, como por aquellos que han partido. Rezar por los demás, es una práctica que demuestra que hemos comprendido realmente la espiritualidad católica.

Pues Cristo mismo nos mostró que Dios es un Dios de comunidad, no de individuos aislados.

Como miembros del movimiento, hicimos el compromiso de participar de las misas y las Horas Santas, un compromiso aún más importante, con Dios quien nos mostró su bondad y amor por nosotros al darnos las herramientas para vivir en comunidad, como matrimonios y familias. Un Don, un regalo que nos une como hermanos.

 

Referencias.

http://catoliscopio.com/2016/04/27/los-7-pilares-de-la-espiritualidad-catolica/

http://es.catholic.net/op/articulos/2577/la-espiritualidad-cristiana.html#

http://www.vicariadepastoral.org.mx/ii_asamblea/hojas/espiritualidad.html

https://www.aciprensa.com/recursos/obras-de-misericordia-1431/

  • Viernes, 13 Enero 2017 23:35

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