EJERCITANDO EL VALOR DE LA EVALUACIÓN

Lunes, 10 Julio 2017 17:46

objetivo

Que por la práctica del valor de la evaluación nos habituemos a analizar y revisar constantemente nuestros actos para reencontrar caminos que os lleven a ser mejores.

concepto

El valor de la evaluación se refiere a la capacidad de analizar lo sucedido o realizado para mejorarlo. Evaluamos cuando consideramos lo que ha sucedido o hemos realizado y le damos una calificación, no precisamente numérica, ya que también evaluamos cuando valoramos algo como bueno o malo. En muchas ocasiones es recomendable establecer una escala más detallada para evaluar lo realizado y por ejemplo calificarlo como: deficiente, mal, regular, bien, muy bien y excelente.

El valor de la evaluación es el valor que por sí mismo cierra la serie de valores "Ejercitando el valor de..." La práctica de valores como la autenticidad, la puntualidad, la previsión, la ponderación y la evaluación ayudan a formarnos en la virtud de la prudencia que a su vez se considera "la madre de todas las virtudes".

 

Necesitamos hacer del valor de evaluación un hábito, porque tendemos a volver a "inventar el hilo negro" y no construimos sobre una propia experiencia, usualmente no guardamos constancia de lo realizado o no nos damos el tiempo para reflexionar sobre ello. La evaluación es un valor porque nos ayuda a enriquecer la libertad, ya que ésta se fortalece más cuando tomamos como punto de partida la experiencia pasada para  hacer una elección en el presente.

Cuando el valor de la evaluación lo referimos a la capacidad de analizar lo sucedido o realizado abarcamos el proceso por el cual se juzga y emitimos un juicio de valor acerca de lo realizado, así sea un objeto elaborado, un acontecimiento planeado o un incidente.

A lo largo de este proceso las personas argumentamos, valoramos y evaluamos tomando como punto de partida los objetivos que llevaron a su realización. En gran parte depende de la claridad y precisión de los objetivos, para lograr efectividad de la evaluación, ya que si no se sabe con exactitud qué es lo que se deseaba lograr, no podrá obtenerse un resultado confiable.

La evaluación consiste fundamentalmente en verificar el grado en que se cumplieron los objetivos, de modo que antes de iniciar un proceso o actividad, en el momento de precisar los objetivos a lograr, también hay que procurar empezar a planear la forma de realizar la evaluación.

En otras palabras, que en todas nuestras actividades; familiares, personales o de servicio, siempre nos preguntemos ¿Para qué vamos a realizar esa actividad? Para así tener claro su o sus objetivos. ¿Cómo nos daremos cuenta si la estamos ejecutando correctamente? Revisando como vamos durante el desarrollo de la actividad, ¿Cómo evaluaremos el o los resultados? Revisando si se cumplieron los objetivos e interpretando los resultados obtenidos.

Debemos tener presente que la principal finalidad de la evaluación es retroalimentar el proceso realizado, detectar deficiencias y corregirlas a tiempo para no volver a "tropezarnos con la misma piedra". También es importante que tengamos presente, que la evaluación no tiene que hacerse sólo en los momentos finales de un proceso, sino que puede ser un proceso paralelo a las actividades que se realizan para poderlo corregir o mejorar sobre la marcha.

Formar a nuestros hijos en el valor de evaluación es muy importante para que se acostumbren a autoevaluar sus acciones y sus actitudes y para que comprendan que evaluar lo que realizamos nos ayuda a mejorar. En los niños pequeños no podemos pretender que realicen evaluaciones pero si podemos cuidar que no se pongan en manifiesto ante ellos antivalores de la evaluación como son: el desprecio, la desvaloración, la inconsciencia, la precipitación, la impulsividad y la testarudez.

Además de la importancia que tiene practicar este valor en el aspecto personal y familiar, debemos promoverlo en nuestros centros de trabajo en la agrupaciones a las que pertenecemos y a que forma parte indispensable d ela llamada "cultura de calidad" en el mundo actual.

En nuestra sociedad, todos parecemos sentirnos culpables cuando se evalúa una actividad con la que estamos relacionados o somos parte d ela misma. Hay personas que equivocadamente identifican la evaluación como una actividad cuyo fin es casi exclusivamente detectar errores, defectos o aspectos mal llevados, por lo tanto percibe la evaluación como sanción o clasificación, ya sea de personas, de objetos, de establecimientos, de proyectos o de hechos.

Sin embargo, si consideramos que la evaluación es un proceso de obtención y análisis sistemático de información con el fin de valorarla y tomar decisiones, podemos percibir que es una actividad que está orientada a proporcionar información para permitirnos una mejor realización de nuestras actividades.

Las acciones que acompañan a la vivencia del valor de la evaluación son: reflexionar, sopesar, corregir, mejorar, perfeccionar, esforzarse.

Algunas frases que nos invitan a vivir el valor de la evaluación:

Es imposible mejorar sin evaluar

El que no conoce la historia tiende a repetirla

Hay que reailzar lo planeado y evaluar lo realizado

Si queremos promover cualquier mejora es necesario establecer procesos de evaluación

Transformar el valor de la evaluación en actitud de vida:

Hacer un balance de lo que se hizo durante la semana.

Medir el crecimiento personal en base a los logros obtenidos.

Examinar a fondo nuestros actos.

Hacer un análisis de co nciencia para mejorar.

Autoevaluar la calidad de los propios trabajos.

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Ejercitando el valor de la Templanza

Martes, 09 Mayo 2017 01:31

OBJETIVO:

Que cada miembro de la familia aprenda a dosificar su vida, evitando los excesos, manteniendo un equilibrio de ella, dándole importancia al autoconocimiento personal para así poner atención en las debilidades personales.

CONCEPTO:

La templanza es la virtud que modera la atracción de los placeres y procura el equilibrio en el uso de todos los bienes, asegurándose el dominio de la voluntad sobre los instintos y la honestidad de los deseos. La persona templada orienta el placer, que es subjetivo, hacia el bien objetivo, guarda una sana discreción y no se deja arrastrar por el apasionamiento.

El hombre no es puro instinto, al razonar las cosas y sus actos, está llamado a superarse actuando más allá de sus impulsos. La templanza al regular los instintos de una persona, eleva la dignidad personal. El placer como tal no es malo, es natural y las personas lo buscamos porque nos hace sentir bien, además que satisface necesidades. Sin embargo, tendemos a sobrevalorarlo cuando lo anteponemos a otras cosas importantes para nuestro desarrollo que implican esfuerzo o una capacidad superior.

A los placeres o gustos que tienen su principio y su fin en lo físico y que, de alguna manera, también están presentes en los animales no racionales, se les conoce como placeres sensibles. Entre estos están: dormir, comer, beber, sensaciones del tacto, agrados visuales o auditivos, deseos de poseer cosas, etc. De hecho, es a través de las sensaciones que provocan, que el hombre asciende al plano intelectual, pero es posible que al usarlas mal, sean un impedimento para la superación; la templanza nos ayuda a regularlas.

En una época como la nuestra, existe una ideología que constantemente nos invita a la búsqueda del placer y a tratar de huir de lo que cuesta trabajo. Esto es un engaño, primero, por la gran importancia que se le da a lo sensible, que ocasiona que se le de poca importancia a lo intelectual, y segundo, porque distrae de aquello que es más valioso precisamente porque cuesta trabajo. Debemos usar la inteligencia para no caer en la trampa de querer conseguir las cosas de manera siempre fácil.

Tener nuestro juicio muy atento para no dejarnos conducir por las falsedades que presentan la televisión, los compañeros, etc.

El acto de moderar nuestros impulsos no tiene como fin suprimirlos o reprimirlos, sino encausarlos, darles el lugar y momento oportuno. No se trata de una destrucción, sino de una humanización de los actos de la persona.

Cada acto sensible debe ser considerado por la inteligencia para que haga un análisis, un dictamen y un juicio sobre cómo debe ser ese acto; si hay que disminuirlo, evitarlo, promoverlo, regularlo, etc. Por ejemplo, si se está frente a la mesa comiendo, la inteligencia debe permanecer alerta de dictaminar hasta donde y que se come, considerando que ya se está satisfecho o que se está delicado de salud o que hay que ir a trabajar, etc. Otro ejemplo puede ser un adolescente recibe las caricias de su novio(a) y respecto de lo cual la inteligencia debe regular el momento, la forma y mantener muy clara la finalidad. Lo que no es plenamente humano es que sea el impulso o la pasión quien determine lo que ha de hacer la inteligencia y la voluntad, sencillamente porque se tiene “cabeza” y está por encima de los hombros dirigiendo todo el cuerpo y “viendo” por él.

Es por ello que los hijos deben conocer las razones de porque hay que comer y beber con moderación, porque hay que tener relaciones sexuales sólo dentro del matrimonio, con la persona elegida para desarrollar una ayuda mutua para toda la vida, y que esa unión es plena cuando hay entrega de amor, de voluntad que compromete a las dos personas maduras, y si además les queda claro que fuera del matrimonio existen fuertes riesgos de contraer enfermedades de transmisión sexual y que no es posible afrontar las consecuencias de una relación sexual porque no se tiene edad o posibilidad de mantener o educar a los hijos; entonces los jóvenes tendrán elementos para repetir actos suficientes para fortalecer su voluntad y no incurrir en acciones nocivas en el momento de presentarse la ocasión.

Recordemos que las virtudes como la templanza se alcanzan con repetición de actos gobernados por la voluntad y que, de igual manera, los vicios o hábitos malos también se adquieren repitiéndolos sin gobierno. Por ejemplo, para no dejarse llevar por la pereza hay que utilizar la inteligencia para decirnos a nosotros mismos los motivos para acometer algo y usar en ese instante la voluntad para vencer la pereza con firmeza y decisión. Lo mismo hay que hacer en contra de la gula, del apetito sexual fuera de su momento y lugar oportuno, etc.

La templanza pues pide vencimiento propio y capacidad de mortificación, pero todo esto no lleva a la tristeza pues precisamente evita el sufrimiento que provocan los excesos y constituye así, una forma de asumir positivamente nuestros límites, en lugar de evitar el desear, hay que luchar contra los malos deseos y sustituirlos por acciones propositivas.

La templanza no es una virtud sencilla, pues las tentaciones brotan con facilidad y cuando empezamos a ceder a ellas, llega el momento en que, perdemos la serenidad, nos volvemos vulnerables y cometemos la falta. Para hacer frente a las tentaciones frecuentes que la vida suele ofrecernos, hay que estar dispuesto a huir de las ocasiones peligrosas, lo que a su vez requiere ser humildes, pues el soberbio se cree más fuerte que todas las adversidades. Además de humildes hay que ser prudentes, ya que la imprudencia nos lleva a callejones sin salida, siempre creyendo que vamos a ser capaces de detenernos a tiempo, cuando queramos y como queramos con ayuda de la razón, lo cual es como andar haciendo equilibrio sobre la cuerda floja de modo que el día menos pensado sucumbimos víctimas de la distracción o del vértigo. En ese momento ya no valen los propósitos enérgicos ni las determinaciones inquebrantables; todo se hunde ante la fuerza terrible fascinadora de una ocasión. Los sentidos se excitan se enciende la fantasía, aumenta fuertemente la pasión, se pierde el control de sí mismo, y finalmente sobreviene la caída. Por eso es mejor prevenir que curar y quien evita la ocasión evita el peligro.

COMO TRANSFORMAR EL VALOR EN ACTITUD DE VIDA:

  • Reprender a los hijos cuando hagan berrinches
  • Instarlos a que ellos mismos detecte y venzan actitudes de flojera, glotonería o excesiva
  • comodidad en su vida diaria.
  • Motivarlos a que saquen sus energías practicando un deporte.
  • Por medio de un cuento hacer que adquieran la seguridad que siempre se pueden vencer las tentaciones con el bien y con la inteligencia.
  • Motivarlos para que tengan la inquietud de dominarse, de dejarse llevar por la razón y no por el impulso.
  • Analizar con ellos algún programa de televisión o película en que se dé un ambiente de mucho “hedonismo” o sea en que se hace mucho alarde del “placer por el placer”
  • Hacerles entender que practicar la templanza aumenta su capacidad de usar correcta y
  • positivamente todas las energías vitales.
  • Mantener la calma ante cualquier situación y echar mano de la razón y la confianza para vencer nuestros instintos y debilidades.
  • Reconocer que las tentaciones surgen de nuestro interior y que, desde el mismo interior,
  • podemos vencerlas y superarlas.
  • Usar su imaginación como punto de partida para la creatividad, el razonamiento, la divergencia de alternativas, etc., tratando de evitar la imaginación ociosa.
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EJERCITANDO EL VALOR DE LA SOBRIEDAD

Viernes, 13 Enero 2017 03:45

OBJETIVO.

Que cada miembro de la familia distinga aquellos gustos personales que le pueden perjudicar para mejorar como persona a fin de que aprenda a dominarlos.
Saber distinguir de acuerdo a planeamientos y criterios rectos y verdaderos, lo necesario de lo superfluo, lo moderado de lo que no lo es, para usar adecuada y razonablemente de los sentidos, el tiempo, el dinero, los esfuerzos, etc.

 

CONCEPTO.

La sobriedad es la capacidad de tomar de cada ofrecimiento que nos hagan, solo lo razonablemente necesario. Es usar bien todo lo que poseo, mi tiempo, mi esfuerzo, mi dinero, mis sentidos, etc.
En el mundo actual es frecuente no distinguir la diferencia entre necesidades y deseos. Una necesidad es algo indispensable que hay que satisfacer para poder vivir, como, por ejemplo: la necesidad de respirar, un deseo es algo que facilita la forma de vivir y hasta cierto punto la hace más cómoda, por ejemplo: adquirir una lavadora.
En este momento la sociedad consumista es un grave impedimento para la educación de la sobriedad; la publicidad sabe cómo captar nuestro interés y muchas cosas a nuestro alrededor nos incitan a consumir; en todos los campos los excesos están a la orden del día, los estímulos visuales, auditivos, táctiles, olfativos y del gusto que nos llegan por los medios masivos de comunicación, nos incitan a satisfacer nuestros sentidos hasta la saciedad o el  hastió; no es de extrañar en consecuencia que un buen número de personas vivan en una insatisfacción crónica por no obtener esos "niveles de éxito" a los que nos incitan los medios los medios. Debemos utilizar nuestra razón (inteligencia y voluntad) para discernir nuestras necesidades de nuestros deseos y cubrir de forma moderada nuestros gustos, estas actitudes nos h arán agradable la vida sin caer en los excesos que frecuentemente nos la dificultan. Hay un comercial de una bebida alcohólica que anuncia "Nada con exceso, todo con medida" esta invitación no la debemos considerar solo para el consumo del producto, sino como una norma de vida.
 
La sobriedad implica el autodominio libre y racional sobre nuestros propios impulsos, aplicando siempre los criterios que aceptemos como valiosos después de una reflexión previa. Un egoísmo desordenado nos conduce a sentirnos mal con nosotros mismos y a una carrera hacia el placer que nunca nos llena, que siempre acaba con la necesidad de más.
 
Quien practica la sobriedad sabe que: Es muy bueno dormir lo suficiente nada más, comer bien y con mucho gusto, pero comida que nutra y en la cantidad que no nos provoque malestar; que es bueno recibir y dar caricias, cuando se hace con amor y respeto; beber con moderación; querer poseer lo que en realidad necesitamos, etc.
Pudiera parecer que en cierta manera la sobriedad nos reprime y es justamente lo contrario, ya que, si carecemos de ella, estemos expuestos a todas las influencias a todos los vaivenes. En esto juega un papel importante la publicidad, ante la que, sin una formación bien cimentada, no podremos resistir. Este valor evita que nos "asfixiemos" en el materialismo y nos da un planteamiento mucho más humano de la vida, ya que desde luego en la vida debe haber lugar y tiempo para pasarla bien, pero sin que eso convierta en un fin que nos asfixie.
La sobriedad no va con la moda, pero no debe importarnos; la rebeldía de ir contracorriente cuando sea necesario, es un buen entrenamiento para el desarrollo de la personalidad.
 
La sobriedad es dar a las cosas su justo valor, no es ni mucho menos la obsesión por no gastar, que sería caer en el mismo vicio, pero al revés; se trata de encontrar el límite entre el gasto superfluo y el necesario.
Lo innecesario, aunque cueste solo un céntimo es caro, aconsejaba a sus discípulos el filósofo Séneca, nosotros debemos educar a los hijos en la utilización de su dinero, deben saber adquirir convenientemente las cosas, el dinero es necesario, pero hay que valorarlo en la justa medida. En la adolescencia deben aprender a administrarse y es bueno que tengan una asignación fija, eso les ayudara a ir forjando su autonomía y ser responsables.
 
Practicar la sobriedad se refiere también a la regulación y control sobre las cosas y artículos de moda y preguntarnos si las usamos o nos dominan; también al control del tiempo para usarlo acertadamente dando prioridad a lo que debemos en cada momento. Hay que cuidar la relación entre trabajo y tiempo libre, si damos a entender a los hijos que el trabajo es únicamente un modo de ganar dinero, es probable que ellos entiendan que la finalidad del tiempo libre sea gastar dinero.
 
La sobriedad contribuye a que seamos más felices porque nos hace valorar aquello que realmente vale la pena, aquello que nos llena, y no por poner nuestro interés en las cosas materiales, que no colman el espíritu humano.

 

COMO TRANSFORMAR EL VALOR EN ACTITUD.

Aprender a valorar lo que tenemos.
Contribuir al desarrollo del autodominio de los hijos, para que sepan no enfadarse, aunque no hayan conseguido lo que querían.
Enseñarles a dominar sus caprichos con alegría.
Acostumbrarles a sacarle todo el provecho a las cosas, sin intentar sustituirlas cuando aún sirven.
Analizar con ellos los anuncios y comerciales viendo como intentan convencernos.
Ayudarles a establecer criterios para adquirir las cosas y comprobar con ellos si sus acciones responden a los criterios establecidos.
Reflexionar con ellos sobre los motivos y porqués de sus gastos.

Ayudarles en el establecimiento de sus propios criterios, de acuerdo con un estilo personal.
Buscar acuerdos comunes entre padres e hijos.
Hacer que conozcan la situación económica de la familia y saber actuar en consecuencia.
Enseñarles la importancia de no estar atados al placer, controlando lo que les apetece.
Estimular en ellos grandes ideales para que en u jerarquía de valores no vayan por delante las cosas superficiales.
Ayudarles a superar sus impulsos de egoísmo.
Distinguir aquellos gustos personales que nos perjudican en nuestra mejora personal y aprender a gobernarlos.
Seamos honestos con nosotros mismos en distinguir nuestras necesidades de nuestros deseos.
Dedicar nuestro tiempo de una manera armoniosa a la familia, al trabajo, a los amigos, a los deberes ciudadanos y cristianos, sin excesos, ni faltas.

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EJERCITANDO EL VALOR DE LA CONVIVENCIA

Sábado, 17 Diciembre 2016 17:23

OBJETIVO:


Convertir la convivencia, el compartir la vida con los demás, en un medio de perfeccionamiento personal, de cultivar la paz y la armonía entre todos.

 

CONCEPTO:


La palabra convivencia significa vida en común. Una ayuda muy importante para poder convivir es practicar las buenas maneras. La buena educación hace más agradable la vida, no es grato toparse cada día con el mal gusto, la vulgaridad o la grosería.
En las relaciones humanas la amabilidad y la cordialidad facilitan mucho las cosas, son como un buen inicio para vivir el compañerismo e incluso la amistad. Sin embargo, el trato correcto es un valor superficial en sí mismo, es un adorno y por tanto es insuficiente. Hace lo bueno más bueno, pero no cambia lo malo. Una mala persona, educada, resulta un ser cínico.
El saber vivir juntos debe ser algo más que el aprendizaje simple de unas cuantas normas. Tienen que calar en el interior de cada uno, como algo que empapa la personalidad después de un proceso de formación iniciando por los padres en la infancia y en la adolescencia, de modo que a fuerza de repetir estos actos concretos y externos de buena educación, se convierta en un hábito y se asuman como valor.
Al principio las buenas maneras serán una simple copia o imitación de los modelos presentados por los adultos, pero van siendo asimilados a lo largo  de la vida y van formando parte de la propia persona, ayudándola a alcanzar su plena madurez. Las buenas maneras bien asimiladas, evitan que caigamos en el extremo de volvernos esclavos de las formas y nos dan la opción de romperlas cuando la ocasión lo exija. 
Con las buenas maneras se ejercita el autocontrol, llevando las riendas de nosotros mismos y dirigiendo los actos de nuestra vida. También son un entrenamiento para crecer en otros valores, por ejemplo, el saber convivir se manifiesta en el =disculpa= por la falta o el error; en el =por favor= para pedir ayuda; en el =muchas gracias= para demostrar gratitud; en el =con mucho gusto= para denotar complacencia; en el =felicidades= para indicar reconocimiento, en el =lo siento mucho= para compartir el dolor del otro; en el =pasa tú primero= a la entrada a algún lugar y en no hacer a los demás lo que no queremos nos hagan.
Algunos piensan que la buena educación se interpone o estorba a la espontaneidad, que es algo artificial y por lo tanto negativo. Esa es una idea equivocada porque equivale a igualar lo espontaneo con lo grosero. Incluso siguiendo este planteamiento, podemos herir a los demás justificándolo en “fue lo que me salió” en ese momento. No suele ser conveniente dar rienda suelta a lo instintivo, sin que sea analizado por la inteligencia.
En definitiva la buena educación es un comportamiento inteligente, propio de los seres humanos.


COMO TRASFORMAR EL VALOR EN ACTITUD DE VIDA.

 

  • Desarrollar buenas habilidades de comunicación que permitan saber hacer peticiones, ofertas y reclamos, así como escuchar, negociar, ayudar a solucionar conflictos, tensiones.
  • Establecer relaciones en un contexto de igualdad que den lugar a una cooperación más serena entre todos y no a competir unos con otros.
  • Ser cortes.
  • No abusar de la confianza, saber medir las palabras.
     
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EJERCITANDO EL VALOR DE LA SINCERIDAD

Miércoles, 02 Noviembre 2016 21:52

Los miembros de la familia luchen por vivir la sinceridad y por actuar de forma coherente con lo que dicen y con lo que piensa, para ser así, veraces y confiables.

 

La sinceridad es la capacidad de hablar y actuar con verdad. Se es sincero cuando se manifiesta a la persona idónea y en el mo mento adecuado, lo que se iensa, lo que se siente, lo que se ha hecho o lo que se ha visto, tal como se percibió. Ser sincero es el resultado de amar la verdad.

 

Las palabras deben expresar lo que dicta el pensamiento, cuando una persona tiene algo en su mente pero dice otra cosa, esta persona dice una mentra, cuando una persona dice lo que piensa pero está equivocado con lo que piensa, esta pesona dice una falsedad, podemos estar convencidos de algo que es falso.

 

No es sencillo conocer la verdad, en muchos casos no lo conocemos totalmente y así debemos decirlo si queremos ser sinceros. Para conocer más a fondo la verdad sobre algo, es muy importante: saber escuchar, saber observar, saber preguntar, reflexionar, saber analizar o resumir la información, estudiar, leer y poco a poco, llegar a indagar la realidad.

 

Para ser y actuar de un modo sincero, es prioritario el conocerse bien a uno mismo y tener la humildad de aceptarnos tal como realmente somos, sin engaños. El tener una apreciación obejtiva y lo más completa posible de uno mismo, unida a una manera también objetiva de ver la realidad, nos llevará a ser sinceros con nosotros mismos, punto de partida para ser sinceros con los demás.

 

En la sociedad actual se nos dificulta mucho la práctica de la sinceridad; la vida muchas veces se parece a un desfile de disfraces donde cada cual se oculta bajo la máscara de la apariencia de lo que no es.

Para ser sinceros hay q ue llamar a las cosas por su nombre, sin miedos, hay que ser francos sin ocultar los pensamientos pero tambien hay que tener la prudencia necesaria para no herir o lastimar los sentimientos de las personas. Hay que tener cuidado de no c aer en la espontaneidad mal entendida, o sea, en decir por impulso, todo lo que se nos da la gana, en aras de la sinceridad, siendo así ofensivos.

 

La verdad debe ser dicha siempre para que ayude a mejorar al que la dice y al que la escucha.

 

Vivir la sinceridad ayuda a los que nos rodean a que encuentren en nosotros, personas en quién confiar en cualquier momento y propicia a hacer cambios, motiva a vivir en cercanía, amistad y confianza, propiciando esto a que en muchas ocasiones se puedan resolver problemas o conflictos.

Ser sinceros es ser valientes, porque la verdad es mucha veces incómoda, implica también practicar otros valores como la responsabilidad, la decisión, la caridad, etc.

 

Es necesario que lo que hacemos corresponda a lo que decimos y con lo que pensamos para no caer en la contradicción. Una persona coherente, sincera, siempre es apreciada porque transmite confianza y seguridad, porque es, como un reflejo de la verdad.

Si realmente queremos hacer y tener amigos, tenemos que ser sinceros, porque si nos comportamos con mentiras y falsedades solo podremos tener "conocidos" o "colegas".

 

COMO TRANSFORMAR EL VALOR EN ACTITUD DE VIDA.
  • Hacer que el hijo reconozca ante sus padres y hermanos la travesura cometida, siendo capaz de decir "he sido yo"
  • Estimular la confianza hacia los padres.
  • Pedirle que justifique lo que no ha cumplido y explique el porque.
  • Ayudarle a que se exprese claramente al explicar un hecho o un cuento.
  • Enseñarle a distinguir entre los hechos y opiniones o puntos de vista.
  • Acostumbrarlo a diferenciar lo más importante de lo que es menos importante.
  • Estimularlo en el respeto a la palabra dada.
  • Acostumbrarse a platicar confiadamente a los miembros de la familia, alguna situación dificil por la que se atraviesa. 
  • Enseñarle a guardar los secretos que otros le confían y a salvaguardar su propia intimidad.
  • Buscar tener conocimientos ciertos y verdaderos.
  • Buscar conocerse a si mismo cada vez más.
  • Amar la verdad.
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EJERCITANDO EL VALOR DE LA JUSTICIA

Lunes, 26 Septiembre 2016 14:12

La justicia consiste en dar a cada quien aquello que le corresponde de acuerdo a sus derechos y obligaciones. Es el principio fundamental de la existencia y coexistencia de los hombres, así como también de las comunidades humanas, de las sociedades y los pueblos.

Además la justicia es el principio de la existencia de la Iglesia en cuanto a Pueblo de Dios, y principio de coexistencia de la Iglesia y las otras estructuras sociales, en particular el Estado y también las Organizaciones Internacionales.

 

Es necesaria la justicia para que la convivencia sea buena, pero es difícil de entender su sentido exacto y llevarlo a cabo.

La justicia es uno de los primeros conceptos morales que los niños, alrededor de los 5 años, introducen en su lenguaje cotidiano, y en esta primera etapa la idea que los niños tienen sobre lo que es justo, consiste en el concepto de justicia punitiva, la cual puede resumir en la ley del Talión "ojo por ojo, diente por diente". Los niños de esta edad entienden que lo justo es devolverlo. Cuantas veces, incluso los adultos, confundimos la justicia con venganza.

Muchos papás se ven orillados a comprar juguetes, dulces o ropa idéntica a sus hijos a fin de evitar sus reclamos y piensa que con eso resuelven el problema y la verdad es que el pretender darles gusto a los niños y no contrariarlos, no es educar en el valor. Cuando se cree equivocadamente que la justicia es tratar a todos igual, se genera al paso del tiempo, una gran injusticia. La justicia nos invita a que hagamos el esfuerzo para que todos los seres humanos aportemos según nuestras capacidades y recibamos según nuestras necesidades.

Entre los 7 y los 8 años, cuando los papás apoyan y acompañan al niño en su crecimiento y formación, éste puede avanzar en su idea de la justicia y pasa a lo que se le llama etapa de la justicia retributiva, en la cual es capaz de reconocer las diferencias entre las personas por su actividad, edad o condición y entonces considera que lo justo es que quien comete una falta repare el daño a que quien tienen una necesidad particular sea atendido.

Entre los 9 y 12 años, nos encontramos con niños que se convierten en fervientes defensores de los más pequeños o de los más tímidos, considerando que lo justo es que alguien hable por ellos y cuide que sus derechos sean respetados. Para el niño en este momento el mundo se divide en buenos y malos, todavía es incapaz de apreciar los matices del comportamiento humano.

A los 12 años, el niño ya es capaz de comprende rel concepto de justicia equitativa, es decir la justicia como la virtud que nos permite reconocer que todas las personas son dignas de respeto independientemente de color de piel, religión o costumbres.

 

Para actuar justamente es preciso conocer muy bien a los hijos, a cada uno por sí mismo, como seres únicos, lo primero que hay que tener en cuenta es que cada hijo es diferente y tiene derecho a desarrollar su propia personalidad; nunca debemos entender a los hijos como una proyección de nuestras propias aspiraciones, porque los hijos no nos pertenecen.

La justicia nos exige a los padres mantener la actitud adecuada en cada momento; de afecto, de exigencia, etc. Sin dejarnos llevar por el sentimentalismo y sin dejar pasar las cosas que hay que corregir por la comodidad de no meternos en problemas. Este valor se deja sentir por su aplicación práctica en el tema de los castigos y recompensas con los hijos, los gastos, los encargos de tareas.

 

Se necesita que los hijos reconozcan justo nuestros actos, para luego ser justos consigo mismos y con los demás.

 

La justicia va asociada a un conjunto de valores como la tolerancia, el respeto, la sinceridad, la solidaridad, la amistad, la obediencia, el patriotismo, la eco filia, la gratitud, etc.

 

COMO TRANSFORMAR EL VALOR EN ACTITUD DE VIDA.
  • Aprender que el egoísmo y la comodidad personal, crean una situación de injusticia, hacia los demás viendo que lo que ellos no hagan, otros tienen que hacerlo por ellos.
  • No levantar falsos, ni criticar.
  • Aprender a fundamentar las acusaciones.
  • Aprovechar la capacidad crítica que se tiene para asumir el sentido de la justicia, llegando a razonamientos y conclusiones propias.
  • Aceptar que ser justo con uno mismo, implica conocerse y a partir de ese conocimiento, exigirse hasta donde uno pueda dar en los distintos aspectos y responsabilidades de la vida diaria.
  • Aprender a pedir perdón y arreglar en lo posible alguna situación injusta que se haya provocado.
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EJERCITANDO EL VALOR DEL TRABAJO - ESTUDIO

Sábado, 27 Agosto 2016 16:20

OBJETIVO: 
Entender el trabajo como un servicio hacia los demás y el estudio como una preparación personal para desarrollar ese servicio en un futuro, ambas tareas son una forma de crecimiento  y madurez de la persona.

CONCEPTO:
El valor trabajo, lo entendemos como sentirse realizado como ser humano por las actividades cotidianas.
El trabajo se convierte en algo agradable y trascendente cuando lo enfocamos como afán de servicio.
Por lo tanto, a excepción del descanso, casi toda la actividad humana la podemos considerar trabajo, el valor trabajo no se debe reducir solo al aspecto laboral, pues un niño ó joven al estudiar está realizando un trabajo. El valor implica un desgaste de energía, independientemente del esfuerzo que se tenga que hacer para realizarlo.
El trabajo exige tener unos motivos lo suficientemente importantes como para superar las dificultades que puedan surgir al realizarlo. El principal motivo debe ser el amor, porque el trabajo hecho por y con amor será esmerado al ir dirigiendo y proyectando como un servicio hacia otras personas y gratifica a quien lo realiza. Cuando entendemos este valor como servicio a los demás, nos ayuda a la madurez personal, ya que así aunque el estudio o cualquier otra actividad implique esfuerzo y responsabilidad, se hace con alegría. El trabajo o estudio bien hecho da satisfacciones, esto a su vez sube la autoestima de la persona que lo realiza y la hace sentirse bien cuando los demás reconocen su labor.
Para realizar bien la tarea tanto a los niños pequeños como a los mayores hay que especificarles que es lo que se espera de ellos y que es lo que hace falta, o sea: 

  1. Saber claramente que se pide.
  2. Contar con los motivos suficientes para esforzarse.
  3. Contar con las capacidades necesarias para hacerlo bien.

En el trabajo es necesario poner toda nuestra creatividad, lo debemos considerar como un aprendizaje  y crecimiento personal, como una manera de desarrollar la propia personalidad.
Entendiendo que cualquier actividad que ofrecemos a otros debe ser algo bien acabado y que el trabajo ocupa gran parte de nuestros tiempo, es muy importante educar a los hijos desde pequeños en este valor, para así estar satisfechos con lo que hagamos.
Todas las tareas se miden por el grado de cuidado y atención con que se realizan y serán importantes en la medida en que sirven a otras personas, visto desde esa óptica, el cansancio merece la pena es gratificante.

COMO TRANSFORMAR EL VALOR EN ACTITUD DE VIDA:

  • Comprender la importancia de saber cumplir con los estudios o trabajo haciendo nuestro mejor esfuerzo y de una manera alegre.
  • Aprender a distribuir el tiempo
  • Que los jóvenes/papás sean ejemplo para los hermanos mayores/hijos de entusiasmo en el trabajo
  • Tomar en cuenta que para mejorar el trabajo tenemos que seguir preparándonos continuamente
  • Considerar el trabajo no como un fin en sí mismo, sino como un medio de realización humana.
  • No permitir que el valor trabajo nos haga descuidar la convivencia con los seres queridos.
  • No mezclar los problemas del trabajo con los de la familia y viceversa.
  • Poner de nuestra parte para mejorar las relaciones humanas en el trabajo y ayudar a crear un buen ambiente de trabajo agradable.
  • Darnos cuenta que lo importante no es hacer lo que nos gusta sino que nos guste lo que hacemos.
  • El estudio y el trabajo bien hechos implican progreso. Todo trabajo honesto es digno de hacerse.
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