EJERCITANDO EL VALOR DE LA SINCERIDAD

Miércoles, 02 Noviembre 2016 21:52

Los miembros de la familia luchen por vivir la sinceridad y por actuar de forma coherente con lo que dicen y con lo que piensa, para ser así, veraces y confiables.

 

La sinceridad es la capacidad de hablar y actuar con verdad. Se es sincero cuando se manifiesta a la persona idónea y en el mo mento adecuado, lo que se iensa, lo que se siente, lo que se ha hecho o lo que se ha visto, tal como se percibió. Ser sincero es el resultado de amar la verdad.

 

Las palabras deben expresar lo que dicta el pensamiento, cuando una persona tiene algo en su mente pero dice otra cosa, esta persona dice una mentra, cuando una persona dice lo que piensa pero está equivocado con lo que piensa, esta pesona dice una falsedad, podemos estar convencidos de algo que es falso.

 

No es sencillo conocer la verdad, en muchos casos no lo conocemos totalmente y así debemos decirlo si queremos ser sinceros. Para conocer más a fondo la verdad sobre algo, es muy importante: saber escuchar, saber observar, saber preguntar, reflexionar, saber analizar o resumir la información, estudiar, leer y poco a poco, llegar a indagar la realidad.

 

Para ser y actuar de un modo sincero, es prioritario el conocerse bien a uno mismo y tener la humildad de aceptarnos tal como realmente somos, sin engaños. El tener una apreciación obejtiva y lo más completa posible de uno mismo, unida a una manera también objetiva de ver la realidad, nos llevará a ser sinceros con nosotros mismos, punto de partida para ser sinceros con los demás.

 

En la sociedad actual se nos dificulta mucho la práctica de la sinceridad; la vida muchas veces se parece a un desfile de disfraces donde cada cual se oculta bajo la máscara de la apariencia de lo que no es.

Para ser sinceros hay q ue llamar a las cosas por su nombre, sin miedos, hay que ser francos sin ocultar los pensamientos pero tambien hay que tener la prudencia necesaria para no herir o lastimar los sentimientos de las personas. Hay que tener cuidado de no c aer en la espontaneidad mal entendida, o sea, en decir por impulso, todo lo que se nos da la gana, en aras de la sinceridad, siendo así ofensivos.

 

La verdad debe ser dicha siempre para que ayude a mejorar al que la dice y al que la escucha.

 

Vivir la sinceridad ayuda a los que nos rodean a que encuentren en nosotros, personas en quién confiar en cualquier momento y propicia a hacer cambios, motiva a vivir en cercanía, amistad y confianza, propiciando esto a que en muchas ocasiones se puedan resolver problemas o conflictos.

Ser sinceros es ser valientes, porque la verdad es mucha veces incómoda, implica también practicar otros valores como la responsabilidad, la decisión, la caridad, etc.

 

Es necesario que lo que hacemos corresponda a lo que decimos y con lo que pensamos para no caer en la contradicción. Una persona coherente, sincera, siempre es apreciada porque transmite confianza y seguridad, porque es, como un reflejo de la verdad.

Si realmente queremos hacer y tener amigos, tenemos que ser sinceros, porque si nos comportamos con mentiras y falsedades solo podremos tener "conocidos" o "colegas".

 

COMO TRANSFORMAR EL VALOR EN ACTITUD DE VIDA.
  • Hacer que el hijo reconozca ante sus padres y hermanos la travesura cometida, siendo capaz de decir "he sido yo"
  • Estimular la confianza hacia los padres.
  • Pedirle que justifique lo que no ha cumplido y explique el porque.
  • Ayudarle a que se exprese claramente al explicar un hecho o un cuento.
  • Enseñarle a distinguir entre los hechos y opiniones o puntos de vista.
  • Acostumbrarlo a diferenciar lo más importante de lo que es menos importante.
  • Estimularlo en el respeto a la palabra dada.
  • Acostumbrarse a platicar confiadamente a los miembros de la familia, alguna situación dificil por la que se atraviesa. 
  • Enseñarle a guardar los secretos que otros le confían y a salvaguardar su propia intimidad.
  • Buscar tener conocimientos ciertos y verdaderos.
  • Buscar conocerse a si mismo cada vez más.
  • Amar la verdad.
Publicado en Valor del mes

EJERCITANDO EL VALOR DE LA JUSTICIA

Lunes, 26 Septiembre 2016 14:12

La justicia consiste en dar a cada quien aquello que le corresponde de acuerdo a sus derechos y obligaciones. Es el principio fundamental de la existencia y coexistencia de los hombres, así como también de las comunidades humanas, de las sociedades y los pueblos.

Además la justicia es el principio de la existencia de la Iglesia en cuanto a Pueblo de Dios, y principio de coexistencia de la Iglesia y las otras estructuras sociales, en particular el Estado y también las Organizaciones Internacionales.

 

Es necesaria la justicia para que la convivencia sea buena, pero es difícil de entender su sentido exacto y llevarlo a cabo.

La justicia es uno de los primeros conceptos morales que los niños, alrededor de los 5 años, introducen en su lenguaje cotidiano, y en esta primera etapa la idea que los niños tienen sobre lo que es justo, consiste en el concepto de justicia punitiva, la cual puede resumir en la ley del Talión "ojo por ojo, diente por diente". Los niños de esta edad entienden que lo justo es devolverlo. Cuantas veces, incluso los adultos, confundimos la justicia con venganza.

Muchos papás se ven orillados a comprar juguetes, dulces o ropa idéntica a sus hijos a fin de evitar sus reclamos y piensa que con eso resuelven el problema y la verdad es que el pretender darles gusto a los niños y no contrariarlos, no es educar en el valor. Cuando se cree equivocadamente que la justicia es tratar a todos igual, se genera al paso del tiempo, una gran injusticia. La justicia nos invita a que hagamos el esfuerzo para que todos los seres humanos aportemos según nuestras capacidades y recibamos según nuestras necesidades.

Entre los 7 y los 8 años, cuando los papás apoyan y acompañan al niño en su crecimiento y formación, éste puede avanzar en su idea de la justicia y pasa a lo que se le llama etapa de la justicia retributiva, en la cual es capaz de reconocer las diferencias entre las personas por su actividad, edad o condición y entonces considera que lo justo es que quien comete una falta repare el daño a que quien tienen una necesidad particular sea atendido.

Entre los 9 y 12 años, nos encontramos con niños que se convierten en fervientes defensores de los más pequeños o de los más tímidos, considerando que lo justo es que alguien hable por ellos y cuide que sus derechos sean respetados. Para el niño en este momento el mundo se divide en buenos y malos, todavía es incapaz de apreciar los matices del comportamiento humano.

A los 12 años, el niño ya es capaz de comprende rel concepto de justicia equitativa, es decir la justicia como la virtud que nos permite reconocer que todas las personas son dignas de respeto independientemente de color de piel, religión o costumbres.

 

Para actuar justamente es preciso conocer muy bien a los hijos, a cada uno por sí mismo, como seres únicos, lo primero que hay que tener en cuenta es que cada hijo es diferente y tiene derecho a desarrollar su propia personalidad; nunca debemos entender a los hijos como una proyección de nuestras propias aspiraciones, porque los hijos no nos pertenecen.

La justicia nos exige a los padres mantener la actitud adecuada en cada momento; de afecto, de exigencia, etc. Sin dejarnos llevar por el sentimentalismo y sin dejar pasar las cosas que hay que corregir por la comodidad de no meternos en problemas. Este valor se deja sentir por su aplicación práctica en el tema de los castigos y recompensas con los hijos, los gastos, los encargos de tareas.

 

Se necesita que los hijos reconozcan justo nuestros actos, para luego ser justos consigo mismos y con los demás.

 

La justicia va asociada a un conjunto de valores como la tolerancia, el respeto, la sinceridad, la solidaridad, la amistad, la obediencia, el patriotismo, la eco filia, la gratitud, etc.

 

COMO TRANSFORMAR EL VALOR EN ACTITUD DE VIDA.
  • Aprender que el egoísmo y la comodidad personal, crean una situación de injusticia, hacia los demás viendo que lo que ellos no hagan, otros tienen que hacerlo por ellos.
  • No levantar falsos, ni criticar.
  • Aprender a fundamentar las acusaciones.
  • Aprovechar la capacidad crítica que se tiene para asumir el sentido de la justicia, llegando a razonamientos y conclusiones propias.
  • Aceptar que ser justo con uno mismo, implica conocerse y a partir de ese conocimiento, exigirse hasta donde uno pueda dar en los distintos aspectos y responsabilidades de la vida diaria.
  • Aprender a pedir perdón y arreglar en lo posible alguna situación injusta que se haya provocado.
Publicado en Valor del mes

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